En esta “bulosfera” en la que vivimos, ante tanta esclerosis mental, tanta parálisis espúrea, tanta ignorancia, tanto estúpido enfermo, tanto “sofista” de narrativas ajenas a la verdad sin mácula, hacer crítica de moda, este universo lleno de creatividad y belleza, me alisla. Me aparta. En este Tánger hermoso y duro, el beso tímido y sonoro de mi amor y el sabor de un té en mi taza preferida, vieja y teñida por el pozo antiguo de taninos inveterados, ampara mi soledad buscada. Mar y amor me guardan. La moda vuelve con su belleza a imperar en tantas horas de asueto y oraciones. Trece otoños me llegan. Trece otoños me emocionan. Trece otoños que son trece respuestas ante lo que vivimos, un lienzo de incomprensión y carencia de eso tan bello que aprendí de mi madre, la compasión.

El otoño que se inicia es de “estética cerebral”, de preeminencia del intelecto sobre la emoción con prendas que quieren ser pensadas. Moda que expresa para hacernos reflexionar planteando interrogantes y silencios. Una moda impregnada en filosofía y rasgos psicológicos que tiñen, más allá del agrado, las propuestas de diseñadores y firmas. El “ugly chic” o feismo se impone con sus discordancias formalistícas y de factura y mezclas inusuales, generando en el espectador una cierta “tensión ocular” donde a la emoción se impone el pensamiento.


La visión de las propuestas me revelan lo que la crítica bautiza como un “otoño táctil”. Las texturas extrañas y tridimensionales nos insta a “tocar”. La “lisura” se va frente a volúmenes desmedidos, mezclas rigurosas, “pellizcos” textiles o desgarros que se me antojan “túrdigas inquietas”. Es una ropa con “pulso” donde lo matérico se impone y el tacto impera frente a un cuerpo ignorado, un mero soporte estoico y sumiso con un dogma innegable, la carencia absoluta de racionalidad, de conformismo visual. El formalismo “tambalea”, generando la desclasificación de las formas. El “error” se instala como parte de lo humano en un nuevo concepto de la perfección. La “protesta de las formas” ilustra un nuevo otoño lleno de transgresiones conscientes en el “layerinismo” o superposición de capas, la asimetría de repartos textiles, la grandilocuencia de puños y cuellos, el “grungeamiento” y la deconstrucción desde lo artesanal y clásico desde el antojo libre. Los tejidos campan a sus anchas. Lo matérico se llena de jirones, de manchas consentidas, de tirones caprichosos, botones desplazados. ¿No es esta “pataleta” creativa una evidentísima declaración de intenciones? ¿La certeza de que las prendan también hablan?

He vuelto a los 90 de mi juventud. Al minimalismo que este otoño conceptualiza y disrupte, “desrigiza”, hiere, lija o estresa. Se cuestiona la gravedad corporal en “espaldas tortugas”, abrigos columpios o “Swing coats”, mangas barriles, cuellos apartados o “stand away collar”, sesgos y desviaciones sin contención hacia colas de murciélagos, polizones o pañuelos colgantes o “scarf point”. Es un universo que niega la cordura visual.


La emancipación de lo emocional hace volver al pasado. La nostalgia se instala en este otoño con miradas nuevas que revisionan el sentimiento de lo que fue. Desde el conocimiento del lenguaje clásico se imponen nuevas lecturas desde la limpieza, la frescura y la democratización visual del “ahora” en un lujo lúdico donde la caricatura o el disfraz “disruptizan” los legados visuales e icónicos.

El otoño 26 se pinta con los colores de mi infancia. El color del café tostado, del jarabe caramelizado, de compotas y panizas, del “borgoña” de las peras al vino tinto, del azul nocturno que hacía de cielo ficticio en los portales de Belén de nuestra casa.

Nuestros “trece Otoños” se visionan en Prada y su “feísmo”, en lanvin y sus años 20 y “colas de murciélagos”, en Sander y su icónica satrería cuestionada, en Saint laurent y sus “pieles de encaje” bajo volúmenes tremebundos, en Dries Van Noten y sus disrupciones en pixelados y plúmbeos “tapices”, en Carven con su estilo “boudoir” y sus batas acolchadas, en las burguesas valientes de Celine, en Miyake, donde lo matérico decide y lo “cinético” imprime, en Balenciaga y sus “armaduras” protectoras de cuerpos deslineados, en un Chloé tierno, primoroso y nostágico con tejidos generosos en faldas y vestidos “prairi”. A Loewe y su valentía caricaturesca en un lujo lúdico y naif cubierto de tejidos “bouclé”, en Chanel y sus mariposas de lurex, siliconas y gasas en los años de un “jazz” maquillado de tecnología puntera.


De mis “Trece Otoños” es el de Alessandro Michele en Valentino, el que más me llega y conmueve. La herencia del diseñador romano se conoce. Se asume desde la mirada del ahora. Se cuestiona. Se descontextualiza. Se disfraza. Las prendas se suceden “bricolizadas” en formas de patchworks de texturas, formas y paleta desde un maximalismo que romántico, nostálgico e inmerso en una decadencia visual impresa. El armario del otoño de Valentino tiene puertas inválidas, espejos manchados de humedad caduca, recuerdos imborrables de mi infancia vistiendo a las niñas del vecindario con los ajuares de mi madre o la tía lola, vestidos y prendas de Gloria Swanson en el “Crepúsculo de los dioses”, de la “Fedora” de Billy Wilder, de las maravillosas “Grey Garden” y sus ternuras.


Todo emociona y eriza en la colección de Michele para Valentino. Quizás la razón no es otra que la preeminencia, una vez más, de lo emocional sobre la razón. De aquéllo tan humano como es la vulnerabilidad llena de dignidad.


La tía Lola ❤️
👏🏻👏🏻👏🏻👏🏻
Muy bonito 👏👏👏👏
Me ha encantado leerte!!!♥️
Que maravilla, 🙌🏻👏🏻👏🏻👏🏻
Genial!👌
13 otoño de poesía. Cuanto conocimiento en un artículo.
Aprendiendo siempre de ti !!!!
Genial como TU eres, quizás esta de menos algún diseñador español , seguro que habrá entre tantas imágenes de desfile de españoles alguna que refleje lo que con tanta poesía nos cuentas , felicidades Pedro, sabes que te quiero
Escribes como sientes …Una muy buena crónica de esta temporada maravillosa de desfiles para recordar. Una crónica de alguien al q admiro profesionalmente y siempre admirare 👏🏻👏🏻👏🏻👏🏻👏🏻👏🏻👏🏻👏🏻👏🏻👏🏻👏🏻👏🏻❤️
Moda , poesía y sentimiento en tus crónicas .
Un beso
Pedro, que ilusión leerte y escucharte, y una vez más dejarnos boquiabiertos con tu dominio de la materia.
Genial!!!
Crítica inteligente y a la vez emocional, alquimista del cerebro y el alma eres. Refrescante y que invita a mirar mas allá de la pura estética de la imagen. Me ha encantado.
Bravo Pedro. Realmente, escribes muy bien. Hasta has conseguido que me interese por la moda!!!
Qué interesante y qué hipnotizador tu lenguaje.
Genio. Te admiro y te quiero.
Siempre aprendiendo de ti, y de tu forma de expresar la moda…
Eres arte y leerte siempre es un gran placer…